Notas para un diario 31

La primera noticia que tuve del “vuelo mágico” fue cuando leí la historia de Daniel O´Donnovan en El Viajero sobre la tierra de Julien Green, su primera nouvelle y posiblemente lo mejor que hizo en sesenta años de carrera literaria. No se dice de una manera explícita pero en el sueño del protagonista (tres sueños para ser exactos) se narra un vuelo mágico mezclado en su caso con una experiencia de desdoblamiento.
La razón por la que sentí curiosidad por ese aspecto del relato de Green, y de que leyera unas cuantas cosas sobre ese fenómeno, no era otra que el hecho de que desde siempre he tenido, mientras dormía, la sensación física de que volaba. No se pueden controlar los sueños, pero no sé como, con el paso del tiempo, esa experiencia en mi caso se ha ido haciendo más perfecta y con frecuencia me he preguntado que papel ha jugado en este hecho mi deseo de volar, mi voluntad de disfrutar del vuelo, al menos en mis sueños.
Siempre he pensado que la foto de Klein no refleja tanto un salto al vacío, como su título indica, cuanto dicha experiencia del vuelo nocturno, común a muchas personas. El artista se ha esforzado en mostrar un movimiento de ascensión física (no se va a caer, va a alzar un vuelo), aunque se pase rozando el muro. Los que volamos en sueños sabemos que pasamos a menudo rozando las cosas en un alarde de disposición sobre nuestro cuerpo. El mayor placer es sentir como cuerpo y mente están aunados: basta una ligera mueca mental para que el cuerpo suba o baje, pase rozando ligeramente la piedra o el agua, inicie una fuga o baje cientos de metros contra el viento planeando como un halcón inmóvil. 
Los teóricos se han hartado a hacer conjeturas sobre el significado de este fenómeno psíquico. Hay alguna cosa interesante, entre las que dicen: la principal es que se trata de algo que pertenece al mundo de lo real. El sueño no es irreal, en absoluto. Es sueño pero nos conforma psíquicamente tanto como lo pueda hacer la vida diurna. En cambio, no comparto la obsesión que tienen en afirmar que se trata de hechos que expresan simbólicamente la dimensión ascensional (ascenso a realidades superiores, el cielo, bla, bla) o el desdoblamiento alma y cuerpo (ambas realidades estarían relacionadas: el primer paso en cualquier “ascensión espiritual” pasaría por abandonar el cuerpo). En mi caso, lo extraordinario, lo que me hace estar siempre ansioso de emprender el vuelo, es precisamente que siento la más profunda unión alma y cuerpo, y que disfruto como un loco del mundo físico: el aire, el mar, las montañas, las calles, los árboles, sobre todo los árboles en los parques de las ciudades.
Hablaré otro día un poco más de todo esto.

1 Comment Notas para un diario 31

  1. Alvaro de la Rica 22/06/2008 at 09:48

    Todo esto puede tener que ver con la experiencia de algunos escritores con los narcóticos, para buscar la “inspiración”. ¡Digo!

    “Jumento aparejado”

    Reply

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