Notas para un diario 16

En mi libro sobre Kafka (¿de próxima aparición?) hablo bastante de la puerta de la Ley, ante la que un hombre se aposta de por vida, a la espera de que le dejen pasar. Como es sabido, nunca llegará a franquear ese umbral de la puerta. Se lo impide en primera instancia un guardián cuya misión consiste en disuadirle. No obstante, cuando se acerca la muerte del peregrino estático, cuando su cuerpo ha menguado y los sentidos no le responden, a punto de yacer bajo tierra, el guardián se inclina sobre su oído y le dice sin ningún miramiento que esa era la puerta reservada en exclusiva para su entrada, que sentía que no la hubiera franqueado y que puesto que no lo había hecho se disponía en ese instante a cerrarla para siempre. No es fácil pensar en un ejemplo más perfecto de terror metafísico. Dantesco. Kafkiano. Catalinesco.
La imagen de la puerta ha fascinado a los hombres desde siempre. ¿Quién no recuerda las jambas de las puertas de los hebreos rociadas con sangre de corderos para evitar al Angel Exterminador? También lo sigue haciendo ahora mismo. De las pocas creaciones poéticas que conservamos de Simone Weil hay una que se titula “La puerta” y que comienza con este verso: Abridnos, pues, la puerta y veremos los vergeles… La cuarta estrofa es memorable y parece destinada a interpretar a Kafka (y por supuesto también a Dante):
La puerta está ante nosotros, ¿de qué nos sirve la voluntad?
Vale más marcharse y abandonar toda esperanza.
Jamás entraremos. Estamos fatigados de verla.
La puerta, abriéndose, dejó pasar tanto silencio.
En mi libro intentó abrir una vía de acceso al misterio de la puerta abierta inaccesible impenetrable. No tengo ninguna seguridad de haber conseguido nada, pero al menos lo he intentado. Somos extranjeros delante de la puerta, decía Claude Esteban, rogamos como Apollinaire que nos habrán la puerta a la que llamamos llorando, sin darnos cuenta de que la puerta somos nosotros mismos.
¿Quién no recuerda el principio de uno de los cuentos más bellos del siglo: “Una noche de confidencias, hace apenas tres meses, Lionel Wallace me contó la historia de la puerta en el muro. Y en aquel momento pensé que, al menos para él, era una historia verdadera”?
(La foto está tomada en Chefchaouen, Marruecos, por Enric Duch

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