NOtas para un diario 11




Cuatro días en Pamplona con J.C y L.B. Cuatro días de paseos y largas conversaciones. De preguntas y de silencios compartidos. Salimos de Pamplona y nos encontramos de pronto en un mar de hierba. Llegamos a Roncesvalles y estaba sonando el órgano. Permanecimos sentados media hora deslumbrados por el azur de las vidrieras. Otra luz dorada nos esperaba en Artáiz para iluminar las figuras triformes de la fachada románica. Desde allí fuimos impacientes a ver los frescos que se conservan en el Museo. No encontramos ningún rastro de una edad oscura. Otra mañana nos detuvimos también ante la pietá de un maestro de Peralta en el museo diocesano: la Virgen, en presencia de un San Juan vestido de un rojo intenso, quita una a una las espinas de la blanca cabeza del Señor. J. saca a menudo su libreta y anota cuanto ve. Hemos paseado mucho por las callejuelas y murallas de la vieja capital y, con frecuencia, al darme la vuelta, veía a los dos cogerse de la mano y sonreírse con una ternura emocionante. Hemos pasado buenos momentos juntos. Hemos reído. Apuntábamos en la misma dirección. Buscábamos respuestas en el otro, y hemos encontrado no pocas pistas. En la taberna del gitano las confesiones cruzaban con libertad de un lado a otro de la mesa, animadas por varias botellas de rioja. Nos hemos despedido con pena en el aeropuerto de Biarritz.

Ayer cumplía años mi hija Poli. Un mayo florido de aniversarios y de vida. Apenas he podido estar con ella, pero nos hemos cruzado media docena de mensajes que acaban siempre con un tkm. Se parece tanto a mí. A veces no puedo siquiera creer lo que veo. Está cambiando por momentos. Mantiene intacta su enorme capacidad de atención hacia las cosas. Su cercanía. Su necesidad de amor y orientación. A punto de salir del país perdido de la infancia, se asoma a la vida adulta y parece no querer entrar en ella. Parece decir, como Saint-John Perse, aquello de que prefiere la llanura en la que no había más que reinos y confines de luces, cuando la luz y la sombra estaban más cerca de ser una misma cosa.

Después de todos estos días, no puedo quitarme ciertas ideas de la cabeza: Un peso sobre mis miembros que crecen nutridos de años.

(Las fotos: J.C. en Navarra está tomada por mi; Poli hace unos meses en la costa de Santander; la foto del capitel de Artáiz la he tomado yo también)

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