Once de Glen Hansard

Dublín. Una calle comercial del centro histórico. Un músico canta y se saca unas monedas. Canta su tristeza. Tiene el corazón destrozado por un amor imposible. Está lleno de talento y de rabia. Vive con su padre viudo. Los dos arreglan pequeños electrodomésticos. Un día conoce a una chica que le ha oído cantar. Ella vende rosas por el centro de la ciudad. Trabaja limpiando casas. Tiene una hija y una madre a las que sostener. Es checa y vive en un cuarto de un suburbio. Es música, pianista y reconoce de inmediato el talento del cantante callejero. Se conocen, se caen bien. Algunos días tocan juntos en una tienda de instrumentos en la que les dejan ensayar. Poco a poco se hacen inseparables. Comparten mucho dolor: ella también ha sido abandonado por su esposo, el padre de su pequeña niña. ¿Se enamoran? ¿Qué quiere decir eso? Se aprecian, se consuelan mutuamente, se respetan (no se acuestan ni a la primera, ni a la segunda, …) Cada uno tiene su vida, sus obligaciones, su camino más o menos trazado. Se quieren, eso desde luego. Son grandes amigos. Él llega a decir en una de sus canciones que ella le parece caída del cielo (lo mismo que Dante escribió de Beatriz en la Vita nuova: parece un milagro del cielo acá a mostrar). Cada vez se quieren más; cada vez se hacen mejores, el uno para el otro. Entre ellos hay tensión erótica. El músico le propone que se quede una noche con él; ella se enfada. No pasa nada. Ella quiere que su hija tenga un padre. Él le propone que se vaya a Londres con él. Vivirán los tres. ¿Y qué hago con mi madre?, dice ella. En ese momento hubiera deseado por encima de todo poder ser más libre, carecer de ataduras. Graban un disco maravilloso con las canciones de ambos. Cada vez se quieren más. El futuro no está escrito. Lo determinarán ellos con su elección.
Este es el argumento de una película que se llama Once, o sea, «una sola vez». Se ha mantenido el título en inglés y está ya en los videoclubs. Una película irlandesa. Los actores son los músicos. Él se llama Glen Hansard y recibió el Oscar a la mejor canción por el tema principal de la banda sonora, Falling down. Es increíble, como el resto de las canciones de la película. No os cuento el final para no destriparos nada. Yo que vosotros me apresuraría a verla.
Nosotros la vimos con Alvarete y Victoria (Poli no estaba). A la mañana siguiente los chicos me obligaron a ir corriendo a por el CD con la banda sonora. Victoria ha copiado las letras de internet y Poli ya las ha sacado a la guitarra. Llevamos dos días oyéndolas a todas horas. En el camino hacia la tienda de discos les invite a un mosto. Soy tan tonto que quise aprovechar para explicarles algo muy abstracto: lo grande que me parecía la película y en concreto en qué sentido reflejaba lo que significa Europa. Los dos miraban al techo como diciendo: vale papi pero vámonos ya a por el disco. Bueno, no sé, yo no desisto. Lo siento.
(La foto es del cuadro «La llamada» de Alejandra Caballero)

Escriba su comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Website Protected by Spam Master