Notas para un diario 7

Primeros calores en Pamplona. Un aire tibio nos rodea desde hace dos días. Mi primera reacción fue desear que pasara lo antes posible; no se me ocurrió nada mejor que decirle a P. que esperaba la llegada del mes de noviembre, que pensaba que estos meses no nos iban a aportar nada. Después lo he pensado mejor y me doy cuenta de mi error. El verano está ya cerca. Los niños empiezan a estar cansados. Los colegas de la universidad, las personas que nos ayudan en casa, amigos, hermanos, todos vamos necesitando un tiempo de descanso. Aún faltan dos meses largos de trabajo y nos va a costar acabar todo lo que tenemos pendiente. Pero hay que aprovechar cada minuto de los meses que vienen por delante. Hará calor y con frecuencia estaremos al borde del desquiciamiento. Habrá cambios. De casa. De actividad. Habrá que tratar a personas a las que no vemos durante el invierno. Soportar colas, esperas en restaurantes atestados, más de una barbacoa, gentes con bermudas y mucha chicha al aire. Por mi parte prometo ahorrar a los demás ese espectáculo. También es verdad que habrá otras cosas: tardes de puro y toros (José Tomás, espero), mañanas a primera hora en la playa con Inés, paseos por la Nive, partidos de trinquete o de paddle, larguísimas siestas, horas para escribir y leer, algún que otro mus, alguna conversación con Fernando a la fresca de la madrugada, escapadas a librerías por donde vaya, tormentas, por lo menos un maigret bajo la parra de Arcanges, … Espero ver a unos buenos amigos polacos. Y alguien a quien quiero mucho me ha prometido un paseo en barco por Menorca.
La mejor actitud es en todo caso la del más absoluto abandono.
(Foto de la Nive a su paso por Bayona, Francia)

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